La tragedia minera golpea otra vez a León a pesar de que en la provincia no queda una sola mina de carbón

La provincia de León ya no tiene minas de carbón. Una situación inédita tras cerca de un siglo en el que la extracción del preciado mineral se convirtió en pilar fundamental de la economía pero también de la sociedad de buena parte de varias de sus más importantes comarcas, como El Bierzo, Laciana, la Montaña Central o Sabero. La última mina, La Escondida, extrajo de las entrañas de la tierra el último gramo de carbón exactamente el 11 de agosto de 2017.
Hace casi ocho años que no hay minas pero no ha dejado de haber mineros. Ni tampoco se ha ido la muerte. Y por eso suena extraño y es más duro aún que otra tradición muy vinculada a la mina leonesa y berciana, los graves accidentes en las galerías subterráneas o los gigantescos cielos abiertos, vuelva a golpear a mineros precisamente de León, aunque esta vez haya tenido que ocurrir en una explotación aún en activo situada en la frontera de Asturias con Laciana, en Cerredo (Degaña).
Y para más inri todavía, ha tenido lugar en una mina de un empresario leonés del sector, un grupo empresarial que además de promover la actividad en Cerredo intenta reabrir una explotación en la provincia leonesa, en concreto en Sosas de Laciana, pero no sin polémica.
El siniestro mortal que dejó ayer lunes 31 de marzo cinco trabajadores leoneses fallecidos, cuatro de pueblos de Villablino y otro de Torre del Bierzo, y otros cuatro heridos graves, ha reabierto las heridas sentimentales y laborales del ya amplio listado de graves siniestros mineros que han sacudido en la historia reciente a la provincia leonesa.
Años de (in)justicia
El más reciente en el tiempo, casi en el tiempo de descuento de la minería energética leonesa, fue el terrible suceso del pozo Emilio del Valle, en el Grupo Tabliza de Llombera (La Pola de Gordón), en el que seis mineros perdieron la vida por un súbito escape de gas metano, en octubre de 2013. Casi doce años después y habiéndose celebrado el juicio contra los empresarios de la Hullera Vasco Leonesa, la conocida familia Del Valle de vinculación franquista, en la Audiencia Provincial de León hace ya más de dos años, ni siquiera se conoce aún la sentencia.

Aquel siniestro de 2013 fue entonces el más grave producido en los últimos 30 años, tras el de Fabero (El Bierzo) en noviembre de 1984, con ocho muertos, y el de Caboalles de Abajo (Laciana) en 1979 con diez.
Además, entre los provocados por bolsas de grisú -como se denomina al gas metano incurso en el carbón-, fue el segundo más grave tras el siniestro en el pozo Santo Tomé de Turón (Asturias) que costó la vida a once mineros en 1967, en una mina de la empresa Hullera Española, en Asturias. El de ayer en Cerredo también tuvo detrás la silenciosa muerte del grisú, en este caso todo parece indicar que por una explosión causada por la deflagración de una maquinaria que los trabajadores estaban empleando en ese momento.
1984: ocho muertos en Fabero
El 19 de noviembre de 1984 una explosión de gas grisú terminó con la vida de ocho mineros en Fabero. Concretamente, en el Grupo Río, de Combustibles de Fabero (Cofasa). En el accidente murieron los mineros Tomás Abella, Adelino Alonso, Emilio Álvarez, Santiago Álvarez, Manuel García, Ramiro Guerra, Luciano Iglesias y Manuel Tejón.
Especialmente cruel fue la lucha de Tomás Abella de la Mata durante 61 días en la residencia sanitaria La Paz de Madrid. No pudo superar las graves quemaduras que sufrió en el accidente a pesar de que “había tenido momentos de mejoría y animaba constantemente al resto de sus compañeros heridos en el mismo siniestro, según el parte médico, y falleció el 20 de enero de 1985 por un paro cardiaco.
1979: 10 muertos en Caboalles de Abajo
El miércoles 17 de octubre de 1979 perdían la vida diez mineros en el Pozo María de Caboalles de Abajo, de la entonces Minero Siderúrgica de Ponferrada (MSP), ya desaparecida. Perdían la vida los mineros Basilio Uría Cangas, Manuel Gómez Díaz, Adolfo Real Suárez, Emilio Pinillas Álvarez, Arselí Fernández Díez, Otilio Álvarez Fernández, Antonio Restrepo Vior, Manuel González Acero, José Ouviaña Díaz y Alfredo Prieto Suárez.
Los trabajadores fallecidos habían entrado a trabajar en el segundo relevo, a las 16.15 horas, y en el momento del suceso estaban desarrollando su labor en el taller sobre la capa 13 de la planta quinta del citado pozo. Según el informe elaborado en su día, el accidente se produjo por una explosión de grisú.
En León, además, la anterior tragedia mortal minera hasta la del Pozo Emilio del Valle en La Pola de Gordón se remota al 18 de julio de 2011, cuando un electricista de 41 años murió en una explotación de Torre del Bierzo (León).
Accidentado el primer día... y despedido mientras estaba en coma
Y llamó mucho la atención un hecho ocurrido en ese mismo año, el 14 de noviembre de 2011, pero que trascendió años después a la luz pública cuando un joven trabajador, Luis Ramos Riesco, murió en su primer día de trabajo en un accidente laboral en una mina de la empresa Alto Bierzo, SA, del Grupo Lamelas Vitoria, del empresario Manuel Lamelas Viloria, que llegó a ser presidente de la Cámara de Comercio. Un escándalo que, no sin dificultad, acabó en los juzgados por la maniobra de la compañía de despedir a la víctima cuando permanecía en coma en el Hospital El Bierzo, intentando desvincularle de la empresa. Al final se produjo una condena en el Juzgado de lo Social por esa maniobra que, aunque fue recurrida, observó como negligente haber dejado sólo al trabajador en esa primera jornada y sentenció a pagar casi 100.000 euros de indemnización a la familia del trabajador.