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Álava quita el polvo al “tesoro” de Iruña-Veleia e invita a “visitar y revisitar” sus 'domus', muralla, circo y posible templo

Yacimiento de Iruña-Veleia desde el aire

Rubén Pereda

Vitoria —

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En julio de 2024, con el anuncio del descubrimiento de las huellas de un circo romano en el yacimiento de Iruña-Veleia, a unos pocos kilómetros de Vitoria, la Diputación de Álava se abrió a “redescubrir” el “potencial arqueológico e histórico inmenso” que tiene. Se consideraba que el valor de la que fue una importante ciudad romana, con su muralla, sus 'domus' y su ingeniería civil, había quedado oscurecido por un “velo negro” que se había cernido sobre todos los restos por la estafa con la falsificación de varias piezas que, según los luego condenados por la Justicia, estaban llamadas a cambiar la historia del euskera y hasta del cristianismo. Ahora, en el marco de ese redescubrimiento de la que fue una importante ciudad romana allá por el siglo I, una exposición con paneles explicativos desplegados en la céntrica plaza de la Provincia, en Vitoria, invita a la ciudadanía a sumergirse en la historia del lugar y a recorrer su calzada romana, su gran mercado público y su recinto amurallado, sus mosaicos y cisternas, sus muros e incluso un posible templo.

Hay constancia de asentamientos en lo que ahora se conoce como Iruña-Veleia desde hace tres milenios. El máximo esplendor, sin embargo, se alcanzó entre los siglos I y III, cuando algunos indicios arqueológicos apuntan a que llegó a alcanzar una extensión de “al menos 126 hectáreas”. Si el Imperio romano llegó a “unos niveles de comercio y desarrollo hasta entonces nunca alcanzados”, fue en gran parte por un “complejo” sistema de carreteras “estatales” por las que viajaban, además de tropas y mercancías, “gentes, ideas y cultura romana”, se explica en la exposición, que se titula 'Iruña-Veleia, 3.000 años de historia' y que se puede visitar en la plaza de la Provincia hasta el 4 de abril. Junto a Veleia transcurría una calzada romana, la Iter XXXIV, que conectaba Astorga con Burdeos y que transitaba también por otros lugares de la provincia como Mariturri, Suestatium (en Arkaia), Tullonium (en Alegría-Dulantzi) y Alba (en Albéniz). “Esta carretera se convirtió en un eje articulador del territorio y contribuyó al gran desarrollo de la ciudad”, se abunda.

Pese a ser el yacimiento romano más importante de Euskadi y aunque se encuentra a apenas un cuarto de hora de viaje en coche desde el centro de la capital alavesa, Iruña-Velaia apenas recibe cuatro millares de visitantes al año. Ello ha llevado a las instituciones a querer redescubrirlo y a animar a la ciudadanía a que lo conozca. ¿Qué es lo que ofrece Iruña-Veleia? La exposición destaca muchos elementos del núcleo de población. Como el más característico, se apunta a la muralla, que habría cubierto un trazado de más de un kilómetros (hasta 1.200 metros) para encerrar un área de once hectáreas. La muralla, que se construyó a partir de la reutilización de materiales sacados de edificios desmantelados de la zona, rodeaba un 'oppidum', una ciudad que, cuando se erigió la muralla en el siglo IV, ya no hacía sombra a lo que había sido en el I y en el II. “Por el momento solo conocemos diecisiete de los torreones con los que contaba la muralla. Los situados al sur, en el entorno de la puerta principal, están parcialmente realizados con bloques de sillería y son semicirculares. El resto tienen planta rectangular y están cosntruidos con mampostería. Además de la puerta principal al sur, hay una puerta menor o poterna al oeste. Al este existiría otra entrada principal, hoy no visible”, se detalla. Esta puerta occidental, de apenas 1,14 metros de anchura, brindaba fácil acceso al río Zadorra, lo que la habría dotado de un “incesante tráfico” de viandantes. “Las huellas de desgaste sobre la roca indican que este paso no estaba pavimentado”, se deduce.

El recorrido que se propone en la exposición concede gran importancia a una serie de edificios. Uno de ellos es el conocido como 'domus' del mosaico de los rosetones, elemento que adorna el patio central y que se intuye pese a los estragos causados por el tiempo. Erigida en el siglo I sobre una vivienda ya existente anteriormente, el mosaico se colocó en la casa dos siglos más tarde. Hizo también las veces de taller y quedó abandonada allá por el siglo V. Otra 'domus' relevante, aunque en ocasiones se ha sugerido que podría ser un conjunto de varias en vez de una sola, es la de Pompeia Valentina, que da una idea de cómo era la configuración de los inmuebles en los que vivían las familias de posibles. “La entrada principal ('fauces') se sitúa al sur y a sus lados había varias tiendas ('tabernae') que daban a la calle. Tenía un atrio de techo abierto ('compluvium') y suelo decorado con mosaico. Bajo ésta existe todavía una cisterna abovedada usada para acumular el agua de la lluvia. Alrededor del atrio se articulaban las diferentes estancias: habitaciones ('cubicula'), comedor ('triclinium'), cocina ('culina'), etc.”, se detalla.

Todo apunta a que Veleia alcanzó grandes dimensiones y a que habría tenido una “importante” población entre los siglos I y II. La gestión del agua, a orillas del río Zadorra, debió de ser algo fundamental, y quedan restos de sótanos y cisternas. “Por ahora no se han hallado restos de ningún acueducto o infraestructura hidráulica de gran envergadura. Sí tenemos constancia de numerosas cisternas y tramos de caños y desagües, a lo que hay que sumar la proximidad del río y la existencia de manantiales cercanos”, se explica. Se pueden ver entre lo que queda de Veleia los restos de una cisterna que habría sido construida en el siglo III y que, según los cálculos, habría podido llegar a contener hasta 20.000 litros de agua. Se preservan todavía dos columnas sobre las que se apoyaba la cubierta de la estructura.

La exposición, compuesta de una veintena de paneles ilustrados con fotografías y recreaciones, ha sido inaugurada esta semana por Inmaculada Sánchez, directora de Cultura, y Javier Fernández Bordegarai, jefe del Servicio de Museos y Arqueología. “No solo se pretende divulgar, sino que también se busca concienciar sobre la enorme transcendencia histórica y patrimonial de este impresionante yacimiento. Y es que es labor de todas y todos preservar estas páginas de nuestra historia”, explicaba Sánchez. “Tenemos un tesoro en nuestro territorio que merece la pena visitar y revisitar”, animaba.

Si el lunes se inauguró la exposición en la plaza de la Provincia, apenas dos días después, el miércoles, se supo que dos viejas cerámicas pertenecientes a otro yacimiento de la provincia, el de Las Ermitas en Espejo, están ya siendo investigadas por especialistas de la Ertzaintza al presentar claros indicios de que están manipuladas. En una se lee “Cesar” y en otra “Neron”. “Para detectar algunas cosas se requiere cierto nivel. Pero esto es muy burdo. Basta con haber leído Astérix y Obélix para saber que es falso”, resumían desde la Diputación, titular de los yacimientos y codenunciante de las irregularidades junto con el Gobierno vasco. Se da la circunstancia de que los trabajos arqueológicos los llevó a cabo en la zona la empresa Lurmen, la de Idoia Filloy y Eliseo Gil, que también almacenó las piezas. Ahora han aflorado en una revisión de los grafitos procedentes de los yacimientos alaveses que están acometiendo el Gobierno vasco y el museo Bibat para catalogarlos y fotografiarlos.

Gil fue responsable de las excavaciones que se llevaron a cabo en el yacimiento. La Justicia probó que, de la mano de su colaborador Óscar Escribano, dañó el patrimonio y falsificó piezas clásicas originales y de gran valor para simular hallazgos “excepcionales” que estaban llamados a cambiar la historia del euskera y del cristianismo. Se encontraban entre ellas el supuesto calvario más antiguo del mundo y hasta jeroglíficos egipcios con menciones a Ramsés y Nefertiti. Más de una década después de que la Diputación llevase el caso a los tribunales, la estafa se saldó con una condena penal mínima por falsedad documental del patrimonio histórico-cultural y estafa de 2 años y 3 meses para Gil. Al igual que a Rubén Cerdán, otro de los condenados, se le impuso el abono de 12.500 euros por la creación 'ad hoc' de unos informes cuyo objetivo era dar legitimidad a los hallazgos “excepcionales”. La Justicia estipuló también una indemnización de 72 euros, apenas dos euros por el daño infligido a cada una de las 36 piezas arqueológicas falsas. Todo esto, se ha admitido en más de una ocasión desde la Diputación, ha echado sobre el yacimiento un “velo negro”.

El circo, prueba de la “relevancia”

El hallazgo más reciente, presentado al público en 2024, es el de un circo romano que podría haber llegado a albergar en sus gradas a 5.000 espectadores. De 80 metros de longitud y 72 de anchura, la construcción podría obligar a repensar algunas concepciones sobre el asentamiento, pues hasta la fecha solo se tiene constancia de otros dos circos permanentes en el norte peninsular y ambos estaban enmarcados en ciudades romanas relevantes, como Tarraco y Calagurris. Los orígenes del hallazgo, que se remontan hasta el año 2020, se encuentran en un estudio preliminar confeccionado por los hermanos Javier e Iker Ordoño, de la empresa Arkukus, que aporta pruebas de la presencia de centenares de infraestructuras romanas en el subsuelo de la zona de Iruña-Veleia. Se dio a conocer en julio de 2024.

Si el área vallada de Iruña-Veleia comprende 11 hectáreas, los hermanos habían revisado entonces hasta 251. ¿Cómo? Emplearon, por un lado, la cartografía ya elaborada por las instituciones, así como la técnica LiDAR, que se vale de pulsos de luz infrarroja para detectar elementos. Entre el material empleado se contaban también ortofotografías tomadas en la primera mitad del siglo XX, desde las del aviador Julio Ruiz de Alda y las reunidas por vuelos estadounidenses sobre el terreno. Son muchas y variadas las pistas para detectar estas estructuras antiguas, desde detalles como una orientación diferente a la de las parcelas que las circundan ahora y que las circundaban en otros periodos históricos. “Vemos una serie de recintos imbricados, vemos espacios absidales, vemos estructuras reticuladas, zonas porticadas con columnas... Todo esto no es casualidad”, explicaron en la presentación.

Si bien son muchas las estructuras que se intuyen y que tanto las instituciones como los hermanos quieren estudiar con mayor profundidad en el futuro, el posible circo romano ha suscitado mucho interés. En la exposición que en estos días de 2025 se puede visitar en la plaza de la Provincia, se aventura que, de haber existido realmente tal infraestructura, “demostraría la relevancia que alcanzó la ciudad”. Ya desde el comienzo de las labores de los Ordoño se intuía un gran recinto rectangular, pero para completar el puzle faltaba el círculo en el que las cuadrigas hacían el giro durante la carrera. Y se puede apreciar en las imágenes. Los expertos explicaron en julio de 2024 que los cultivos que crecen sobre arranques de muro tienen menos nutrientes, lo que provoca que en determinadas épocas del año crezcan menos y permitan adivinar estructuras como esta. “Las parcelas agrícolas se adaptaban a la morfología del circo, según se ven en las imágenes tomadas por un vuelo estadounidense en la década de 1940”, abundaban los hermanos.

Pero todavía queda mucho por descubrir con unos estudios que han de ir, según ha subrayado la Diputación en más de una ocasión, “a fuego lento”, siempre guiados por la cautela y la prudencia. “Iruña-Veleia siempre nos da alegrías”, se congratulaba en 2024 Ana del Val, diputada de Cultura y Deporte, que se refería al lugar como una “joya” y aseguraba que tiene “un potencial arqueológico e histórico inmenso”. En la exposición actual, se hace hincapié en la importancia del dinamismo en la investigación y se ilustra con el ejemplo de lo que podría ser un templo. “Las excavaciones de principios del siglo XX sacaron a la luz varias estructuras que fueron interpretadas como un 'castellum acquae' o depósito de distribución de aguas. Investigaciones posteriores consideraron que podría tratarse de un templo, un edificio con una gran cimentación, inscripciones monumentales y capiteles y pilastras de orden corintio. Fuese cual fuese su función, con el tiempo se perdería y pasaría a formar parte de uno de los torreones de la muralla”, se explica. En la zona apareció un capitel corintio y en su momento, aunque luego desapareciesen, habría habido también inscripciones monumentales documentadas durante las excavaciones primigenias. “Estudiar la historia de un lugar a través de sus restos es un proceso laborioso en el que se plantean varias hipótesis y donde cada pequeño o gran hallazgo puede cambiar el rumbo de la investigación”, se remacha.

La propia exposición, como ya vienen haciendo las instituciones, hace un llamamiento a la ciudadanía para que se implique en la difusión de las virtudes del yacimiento. Y quiere que participe de su memoria. En uno de sus paneles, se muestran fotografías en blanco y negro con visitas al yacimiento de las que han transcurrido ya décadas. “Antes de ser considerado uno de los principales yacimientos de nuestro territorio, muchas personas ya conocían y visitaban sus ruinas”, se asegura. Quieren “desenterrar la memoria popular” y para ello han habilitado la dirección de correo electrónico museoarqueologia@araba.eus y el número de teléfono 945 20 37 00 para que la gente aporte “fotografías, recuerdos y vivencias del pasado, incluso objetos procedentes de Iruña-Veleia”, que conserve. En octubre de 2024, se anunció también que se dedicarán 550.000 euros a la creación de un nuevo centro de visitantes para el yacimiento.

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