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Tribuna

Transición “Justa”

Bomberos trabajando tras la explosión registrada en la mina Cerredo este lunes, en la que fallecieron cinco mineros.

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El término se acuñó allá por 2019 y recogía un concepto que gustó a todos, Justicia. Llegó para poner esperanza en unos territorios que veían cómo su manera de ganarse la vida desaparecía. Son los tiempos, el cambio de siglo, la necesidad de volver a arrimar el hombro por el futuro de todos, un futuro sostenible y limpio que permitiese que el planeta pudiese albergar unos cuantos siglos más a los humanos en condiciones de salud y bienestar. Pero con el paso de los años la Justicia, siempre lenta, siempre sibilina, no acababa de llegar. 

Muchos esperaron en sus casas porque seguían confiando y hubo una llamada, una posibilidad de curro y una manera de quedarse en el pueblu, con los tuyos y a lo tuyo. Y fueron, claro que fueron, cómo no iban a ir. Porque ahora no se iba a sacar carbón, ahora se iba a investigar, a reconstruir, a recuperar escombreras, balsas, pistas, … y las minas iban a sacar mineral para ese futuro tecnológico que nos rodea. Carbón de altas prestaciones que iba a permitir autoabastecerse de componentes que vienen de China y nos permiten vivir en cualquier sitio en ese siglo XXI avanzado. 

Y de repente, el siglo XX, lo de siempre, los de siempre. Empresarios voraces que te dicen que bueno, que por ahora, al tajo, a sacar como antes, a currar como antes. Y tú, que llevas años esperando para tener un salario que te dé tranquilidad, estabilidad y te mantenga esa esperanza de que los tuyos se críen donde tú te criaste, tiras porque confías en que será un tiempu y luego podrás presumir de que fuiste mineru, pero del siglo XXI, donde supisteis transformar el mineral en grafito, haciendo mucho más que picar, investigando, creando futuro para el mundo y para las comarcas que se hundían y tú reflotaste.

Pero llega la INJUSTICIA. Llega silencioso, un gas que todos sabían que estaba, durmiendo desde hace años bajo capas de carbón que ya enterraron a otros, que ya mataron a muchos. Y el salto al pasado rompe vidas, rompe esperanzas, rompe el futuro y por supuesto, rompe la confianza en todo, en todos. 

No hay nada de épico en una muerte en el tajo, ni ahora, ni en el siglo XX, ni en el siglo XXI. Por mucha canción que lo narre, por mucha música que se ponga sobre imágenes de tristeza y desgarro. No hay épica en ninguna muerte en el trabajo, ni en la mina, ni en el puerto, ni en la carretera. Ninguna épica. Y todas las muertes duelen, todas las muertes son inexplicables, más en un tiempo en el que la seguridad se presupone eso, segura. Pero el dolor es de las familias, y sí, hay que acompañarlas, faltaría. Sin embargo, las familias quieren saber y ahí entran otros, porque lo que sí hay detrás de las muertes es negligencia, de uno, de dos, o de muchos. Negligencias que deben depurarse, cuanto antes, no en los tiempos de la Justicia.

Esa Justicia en la que transitamos sin verla, esa Justicia que siempre es tardía. Esa Justicia que se difumina, poco a poco, día tras día, y que este lunes, a las comarcas de Laciana, el Bierzo y el Suroccidente Asturiano, sumió en una auténtica sombra.

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