ENTREVISTA
Escribir el Sáhara cosechando flores de papel

A las niñas se les cuentan muchas historias, pero hay una que es universal a todas las culturas: que las raíces son algo inamovible que nos espera en el lugar donde hemos nacido. Ebbaba Hameida (1992) ha tenido muchas casas a lo largo de su vida, pero ningún hogar hasta que entendió que una misma en la diáspora podía ser algo parecido al hogar y que las raíces van con una allá donde va: en su manera de pensar, en su manera de hablar, en su manera de mirar. Ella sigue mirando el mundo para armarse de la palabra y contar muchas guerras, pocas paces y, en esta ocasión, en su segundo libro Flores de Papel, hace un ejercicio de honestidad poco frecuente para contarse ella a través de la historia del Sáhara y al revés.
¿Qué cuentan en esta novela Aisha, Naima y Leila?
Yo creo que son tres voces de tres mujeres de distintas edades y contextos, pero que todas se han visto marcadas por un conflicto. En el caso de Leila es una mujer nómada que los efectos del cambio climático y de la sequía, allá por los años 60-70, la obligan a entrar en la ciudad y lo que descubre es la vida sedentaria y el colonialismo. Ella es mauritana, pero hace un viaje. Los nómadas son de todas partes, son dueños del desierto y, de pronto, se ve en una tierra que está colonizada y de la que se la expulsan por la guerra y el conflicto. Luego tenemos a Naima que nace mirando al mar Atlántico, y que de pronto cambia el mar por las bombas y los bombardeos de napalm y fósforo blanco que al final definen un poco también su trauma en la infancia y se ve obligada a reconstruir y empezar una vida de cero en el exilio junto con otras mujeres saharauis de su generación. Y Aisha es quien nace en este exilio y por motivos de las circunstancias que se viven, de las condiciones infrahumanas de la vida en una tierra apresada, desgraciadamente se ve obligada a un exilio, a un mundo completamente distinto, desconcertante y opuesto al suyo.
Yo quería escribir el Sáhara
Y que al final se encuentra navegando y crece, buscando equilibrios entre dos mundos completamente distintos y preguntándose mucho al principio ‘quién soy’. Soy saharaui, soy italiana, pero también se pregunta ‘por qué a mí’. Y este por qué a mí descubre que tiene mucho que ver todo lo que pasa en el Sáhara y la condena para estas tres mujeres, de todo lo que es la guerra, el exilio, el olvido, el silencio también y el haber sido hijas de esta última colonia en África.
¿Cuánto tiene de autobiográfica esta historia?
Mucho. Porque al final para mí el Sáhara es lo que yo he vivido, es lo que yo he sentido, es donde yo he crecido y tiene mucho de mí y de las mujeres de mi vida. Yo cada vez que vuelvo a los campamentos, mi referencia, mi nexo y mi vínculo son mi madre y mi abuela, y hay mucho de ellas en Naima y Leila y sin lugar a dudas de Aisha. Y hay mucho de mí, es como mi hermana gemela.
En el caso de mi madre, este libro me ha ayudado mucho a intentar comprender cómo ella ha vivido la guerra y descubrir que ha sido bombardeada con napalm y fósforo blanco
Yo necesitaba escribir el Sáhara y no podía hacerlo sino desde esa primera persona y desde lo autobiográfico, que es lo que más conozco, que es lo que más he sentido, es lo que más he palpado, es mi experiencia. Al final, yo he tenido muchas idas y venidas al Sáhara desde muy pequeña, entonces lo que conozco y lo que me ha marcado es todo lo que me rodea
¿Aprendiste de tu propia familia cosas que no sabías documentándote para este libro?
Sí. He descubierto su historia, he descubierto su contexto y al final cuando te crías fuera y lejos te crees que tú eres la víctima en el sentido de nostalgia, de echar de menos demasiado, en cuanto a vínculos familiares.
Te preguntas ¿por qué yo tan lejos?. Conlleva como un desgarro emocional, un desgarro identitario y un desarraigo y para mí ha sido muy importante recomponer la historia de mi madre y de mi abuela, descubrir cómo ellas vivieron. De pronto me he dado cuenta que mi abuela también es una mujer migrante, que también ella se ha exiliado, que también ella ha vivido siendo extranjera en otro territorio, ha sido huésped durante mucho tiempo y también ha vivido un desarraigo al igual que yo.
Y en el caso también de mi madre, por supuesto, el libro me ha ayudado mucho a intentar comprender cómo ella ha vivido la guerra y descubrir que ha sido bombardeada con napalm y fósforo blanco. Esos relatos que te cuenta ella, que era pequeña, que tenía unos nueve años junto con mis tía. Esas conversaciones alrededor del té me han ayudado mucho a escuchar en su propio testimonio de lo que fuimos, de lo que fue su vida y de intentar comprenderlas y empatizar con ellas y entender el lugar desde el que me hablan.
¿Qué te gustaría que los lectores sacaran en claro de la novela cuando terminen de leerla?
Yo lo que quiero es aportar un granito de arena sobre estas dunas del silencio. Me gustaría que cada persona que leyese el libro sacara sus propias conclusiones y que empatizara y humanizara a todo un pueblo que lleva medio siglo de su destierro.
Mi objetivo es sacudir un poquito de arena de este silencio y de este olvido. Aportar un poquito de luz y foco sobre el conflicto. Con que cada persona que lo leyese lo cierra y supiese más del Sáhara. Yo ya me doy por satisfecha.
¿Espera el pueblo saharaui algo del Estado español o mejor que no haga nada más?
Yo creo que la historia nos ha demostrado que no podemos esperar nada de lo que es el Estado, de lo que son los políticos, los gobiernos, que siempre han mirado a otro lado. Y quedarme sobre todo con el sentir social, que eso también lo estoy viviendo mucho ahora con el libro.
Ese abrazo hermano entre los dos pueblos y esos vínculos que son inquebrantables, lo que yo reflejo en la novela, cómo fue esa convivencia en la provincia 53 entre españoles y saharauis y que esos vínculos todavía perduran. Separar mucho lo que es la sociedad de lo que es el Estado y los gobiernos de España, porque la verdad que nos han demostrado durante toda esa transición que han querido borrar el Sáhara de la memoria colectiva.
0