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ENTREVISTA

Borja Terán, periodista: “Hay muchos programas de televisión que tratan con condescendencia la inteligencia del espectador”

El periodista y analista de televisión Borja Terán.

Rubén Alonso

Santander —

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El periodista Borja Terán (Santander, 1981) considera que la televisión “sigue siendo el gran medio de masas, la ventana al mundo” pese haber estado “perdida unos años”. Este analista de la industria audiovisual, que protagoniza 'La Telesfera' del programa de Onda Cero 'Julia en la Onda', considera que “muchos programas que tratan con condescencia la inteligencia del espectador” están condenados al olvido: “El futuro de la televisión está en los autores, como siempre ha estado”, asegura en una entrevista con elDiario.es con motivo de la charla que impartirá este jueves en Santander en un foro organizado por el Colegio de Periodistas de Cantabria.

Terán hace un repaso de la situación actual de la televisión en un contexto en el que “estamos aturullados de tantos impactos audiovisuales”, plantea el papel que debe desempeñar a nivel informativo -frente a los bulos difundidos desde el anonimato en redes sociales- y analiza el impacto de fenómenos como 'La Revuelta' de David Broncano. “Los invitados inesperados te descubren un mundo nuevo; porque la televisión es descubrir, no solo reconocer”, afirma.

¿Cómo definiría el momento actual que vive la televisión en España? ¿Está en crisis o en plena reinvención?

Pues fíjate, yo creo que la televisión siempre ha sido un reflejo de cómo somos. En momentos más creativos, la televisión era muy creativa, muy imaginativa. En momentos más mediocres, ha sido también más mediocre. Y ahora mismo estamos aturullados por tantos impactos audiovisuales. La televisión ha estado unos años perdida, pero siempre se ha mantenido como el gran medio de masas, como la gran conexión con nuestra proximidad, con el directo. Eso, las plataformas bajo demanda no lo suplen. Yo creo que ahora la televisión está intentando adaptarse a su entorno, pero sigue siendo la ventana al mundo, la ventana de la congregación, el gran medio de masas. En un minuto de televisión hay más gente que en una red social o en una plataforma.

Sin embargo, vemos cómo las nuevas generaciones, sobre todo, consumen contenidos en TikTok, Instagram, Twitch... ¿Cree que la televisión tradicional ha perdido un poco la capacidad de conectar con las generaciones más jóvenes?

Sí. El problema que ha tenido la televisión durante años es que se ha centrado en un tipo de público: las personas mayores. Ha tenido el prejuicio de pensar que como la audiencia más fácil venía de ese perfil, había que gustarles a ellos. Y ahí entran todos los prejuicios, los machismos y los edadismos que ello conlleva. Muchas veces se creaban programas diciendo: “Eso no, que igual no lo entiende la señora de Cuenca”. Y eso era terrible, porque en realidad esa señora está tan informada como tú. Se creaban programas pensando en las señoras del año 1997, y esa gente ya no está entre nosotros. Pero de repente aparece alguien como Broncano y demuestra que hay un público que sigue estando ahí cuando la televisión cuenta con él. David Broncano no ha hecho daño a Pablo Motos, lo que ha hecho es recuperar a dos millones de espectadores que no conectaban con la televisión tradicional. Lo mismo pasa con 'La isla de las tentaciones', que arrasa entre la gente joven en ese momento de ebullición hormonal, de forma que recupera a ese público.

La televisión dejó de mirar a la sociedad más joven, no supo leerla, y los pódcast conectaron con ese público. Ahora sí está habiendo un intercambio generacional

El éxito de los pódcast también viene de ahí. La televisión dejó de mirar a la sociedad más joven, no supo leerla, y los pódcast conectaron con ese público. Ahora sí está habiendo un intercambio generacional. Yo creo que la gente joven va a seguir en la televisión a medida que vaya creciendo. Cuando nació la radio, decían que iba a acabar con la prensa, y no fue así. Luego dijeron que la televisión iba a acabar con la radio, y tampoco. Son medios complementarios. Pero es verdad que internet ha engullido a todos los medios de comunicación. Todos quieren su propia identidad, pero también hacer lo de todos: la radio a veces parece tele y la tele, a veces, parece radio. Eso sí, cada medio acaba encontrando su camino. Un vídeo de TikTok o Twitch tienen un lenguaje de tú a tú, más directo. La televisión, en cambio, es la elaboración de las perspectivas, el trabajo en equipo, la escenografía, la creatividad, saber filmar... Si pierde eso, pierde su identidad, y entonces la gente se va a otros lados.

Ha mencionado algunos programas actuales, como 'La Revuelta', 'El Hormiguero' o 'La isla de las tentaciones'. ¿Qué formatos televisivos actuales le parecen innovadores, con posibilidades de perdurar en el tiempo, y cuáles cree que ya no funcionan?

Creo que el problema de la televisión en los últimos años ha sido que todo se compraba de fuera. Estaban obsesionados con que el espectador reconociera lo que veía. Por eso siempre había los mismos invitados, los mismos “colaboradores” —una palabra que odio porque es vacía; puede ser un actor, un guionista, pero “colaborador” se usa para todo—. Incluso en los talent shows se cantaban siempre las mismas canciones, como la de Whitney Houston, porque se suponía que era la que todo el mundo conocía. Pero la televisión, sobre todo, es descubrir, no solo reconocer.

¿Qué ejemplos actuales le parecen más reveladores en ese sentido?

Un caso claro ahora mismo es Broncano. A veces se acomoda, sí, pero funciona cuando descoloca, cuando lleva un invitado inesperado. El otro día, por ejemplo, fue el cocinero durante 40 años de La Moncloa. Y subió la audiencia curiosamente con el invitado más particular. O con la directiva del Canal Isabel II experta en pantanos. Te quedas a verlos porque te descubren un mundo nuevo, no son los famosos de siempre. Ese tiene que ser también el papel de la televisión pública. El futuro de la televisión está en los autores, como siempre ha estado: Chicho Ibáñez Serrador, María Teresa Campos, Mercedes Milá, Jorge Javier Vázquez —que es un autor—, Pablo Motos, que también lo es de su programa... El problema es cuando todos los programas parecían el mismo y no sabías ni en qué canal estabas. Así que el futuro son los autores y lo que vamos a terminar olvidando son los programas que tratan con condescendencia la inteligencia del espectador. De esos hay muchísimos, tantos que ni me acuerdo de ellos. Porque los olvidamos rápido.

Y respecto a la información, ¿en qué punto se encuentran los informativos tradicionales? ¿Se están reinventando o están condenados a desaparecer?

Estamos en un momento en que recibimos todo el rato tanta información —que en realidad no es información— que viene del anonimato. Por nuestro propio bolsillo entran impactos audiovisuales que quieren contaminarnos, disfrazándose de información, refugiados en el anonimato. En TikTok, por ejemplo, se hacen montajes que se disfrazan de reporteros clásicos, con entrevistas que terminan siendo bulos preparados. Frente a eso, es vital contar con periodistas de referencia en los que confiamos, que sabemos que son honestos. Los informativos de las cadenas son importantes como prescriptores. Necesitamos medios con prescriptores de confianza, aunque sepamos de qué pie cojea cada uno. Lo importante es que sean honestos, porque la objetividad no existe, pero la honestidad sí.

Los informativos de las cadenas son importantes como prescriptores. Necesitamos medios con prescriptores de confianza, aunque sepamos de qué pie cojea cada uno. Lo importante es que sean honestos, porque la objetividad no existe, pero la honestidad sí

Necesitamos expertos en cada materia. Esto lo decía Buenafuente en una charla que me encantó: “Tengo mi periodista de referencia para cada cosa”. Y en eso los informativos tienen mucho que aportar. Lo que pasa es que también se han perdido en ciertas cosas: poner a los presentadores a caminar, usar realidad aumentada... El otro día Televisión Española, en el aniversario de la pandemia, hizo el informativo desde un balcón con una realización espectacular. Y es que han estado años centrados en los juguetes que permite la realidad artificial, con la inteligencia artificial, pero creo que al final los informativos se van a dar cuenta de que la mejor “realidad artificial” es salir a la calle como toda la vida y contar las historias. A veces los informativos se han quedado atrapados en el argumentario político, en la teatralidad, y se han olvidado de salir. Lo mismo les pasa a los políticos, que están más pendientes de Twitter que de la calle.

¿Y eso también le pasa a los medios de comunicación?

Sí, ese también es uno de los grandes problemas de los medios de comunicación actualmente. Estamos más pendientes de Twitter (o ahora X) porque es más barato. Damos una relevancia excesiva a lo que pasa en Twitter, cuando en realidad no es representativo. Twitter es un espejo resquebrajado de la realidad. Lo que mueve los algoritmos no es representativo de la calle. Entras y todo el mundo está como gritándose, pero sales a la calle, en la plaza pública, te encuentras a la gente, la miras a los ojos y empatizas. En Instagram, igual: en verano ves las playas en Instagram y todos tienen cuerpos perfectos que te da repelús. Pero vas a la playa de verdad —como la de La Magdalena en Santander, por la que estoy pasando ahora— y ves cuerpos de todo tipo. Las playas son lo más democrático del mundo, todos chapoteamos juntos. Y esa metáfora de la playa en verano se puede trasladar a los medios de comunicación: miramos más lo que se comenta en Twitter que lo que pasa en la calle. Y nos pintamos un mundo de trincheras polarizado que no está en la calle.

En los medios de comunicación miramos más lo que se comenta en Twitter que lo que pasa en la calle. Y nos pintamos un mundo de trincheras polarizado que no está en la calle

El problema es que a veces le damos altavoz, convertimos Twitter en nuestra materia prima y trasladamos la polarización de las redes a la vida real. Y eso es fruto de muchos intereses. Y ese ha sido uno de los problemas de los medios en los últimos años: la gente se ha quedado entretenida, pero no informada. Estamos en una gresca de vivir todo como si fuera un reality show del que nos sentimos partícipes por las redes sociales y queremos que nos den la razón, gritamos mucho y escuchamos poco.

Entonces, en esta época en la que los políticos buscan más el impacto viral que el debate profundo, ¿el papel de la televisión debe ser volver a pisar la calle y a formatos más cercanos?

Yo creo que el periodismo es aportar perspectiva y conciencia crítica. En los años 80, programas como 'La bola de cristal' buscaban eso: aportar conciencia crítica a una sociedad que salía de una dictadura. Querían que, ante un impacto informativo, nos preguntáramos qué interés había detrás. Hoy estamos inmunizados. Vivimos una época en la que lo distópico es realidad. Solo hay que ver cómo utiliza Trump los medios. Cada día dice una barbaridad mayor. Incluso comparte en sus redes orgulloso un vídeo de Gaza como si fuera Marina d’Or, con esa hipérbole suya. Y de repente nos deja bloqueados. Y los periodistas no podemos ponerle más música de tensión a eso. Tenemos que descifrarlo y advertir: “Cuidado, nos están aturullando para paralizarnos”. Es lo que está pasando en Estados Unidos. En otro momento, un político actuando así habría movilizado a la gente. Ahora no, porque no da tiempo a rebatir tantas barbaridades diarias. Las imágenes van más rápido que las ideas. Cuando estás procesando una imagen, ya llega la siguiente y tapa la anterior. Eso crea un efecto dominó que nos agota. Y nos cuesta mucho más procesar. Estamos en una sociedad de hacer clic y olvidar. Y una sociedad sin memoria no aprende de los errores, y eso es muy peligroso.

Las televisiones han interiorizado que todo debe ponerse a debate. Y no, no todo está a debate. Los derechos humanos, por ejemplo, nunca deben estarlo

Y todo esto los medios de comunicación lo tendríamos que explicar más. Yo lo intento con mi trabajo diario, pero a veces nos quedamos en el show, porque el show da audiencia más rápido. Y durante muchos años, las televisiones han interiorizado que todo tenía que ponerse a debate, en blanco y negro, todo tenía que estar en discusión. Y no, no todo está a debate. Los derechos humanos, por ejemplo, nunca deben estar a debate. No puede ser todo blanco o negro, porque si no, terminamos hablando de todo como si fuera 'Gran Hermano VIP'. Y la realidad no es 'Gran Hermano'.

Y ahí tienen una responsabilidad importante formatos de entretenimiento, como debates, tertulias de por la mañana y por la tarde, a la hora de influir en la percepción política de la ciudadanía, como generadores de opinión...

Sí, el debate político en televisión ha sido algo muy rentable porque, además, es barato. Con un debate llenas muchas horas de televisión. Hubo una época en la que se intentaba no poner todo a debate. Por ejemplo, María Teresa Campos, cuando hacía los magazines matinales, sabía hacer muy bien entretenimiento, pero también sabía diferenciar lo que era entretenimiento de lo que no. Ella podía hacer un debate sobre una telenovela, sobre 'Gran Hermano', sobre temas más livianos, pero jamás debatía sobre sucesos. La información de sucesos la trataba como información pura. Eso lo hemos perdido. Ahora debatimos sobre todo, y al hacerlo, igualamos todo por lo bajo. A veces ni siquiera diferenciamos cuando se trata de derechos humanos.

La política ha aprendido que si paralizas la razón y azuzas todo el rato la emoción, no tienes ciudadanos críticos, tienes creyentes

También se ve en cómo tratamos ciertas imágenes. Por ejemplo, con el seísmo de Bangkok. Yo escribí un artículo hace poco: parece que necesitamos grabarlo todo para sentirnos protagonistas de la realidad. Llevamos todo al debate, y no todo es debatible. Y la política también ha sabido utilizar eso. Ha entendido que, si paralizas la razón y azuzas todo el rato la emoción, no tienes ciudadanos críticos, tienes creyentes. Entonces, los políticos ahora van a por el tuit fácil, el que moviliza pasiones, cuando en realidad la política, más que pasión, es gestión. Las redes sociales lo han facilitado mucho. Antes, el político sabía que cuando empezaba el informativo tenía que meter su titular justo en ese momento: si estaba en un mitin, le avisaban que estaba en directo, y entonces soltaba la frase para que saliera en el informativo. Eso ya no hace falta tanto como antes. Ahora simplemente lo cuelgan en redes sociales.

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