Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
Esta es la portada de mañana

Paco Bellido, astrónomo: “Soy el hombre del tiempo de Júpiter”

Entrevista N&B al astrónomo Paco Bellido

Aristóteles Moreno

8 de febrero de 2025 20:02 h

0

Desde su azotea, en pleno casco histórico, explora los enigmas del universo. Conoce la Luna y el Sol como la palma de su mano y observa las tormentas de Júpiter como quien vigila la meteorología nuestra de cada día. Paco Bellido es astrónomo, aunque no tenga un título enmarcado en el salón de su casa. Colabora desde hace años con revistas especializadas y transfiere conocimiento astronómico a la Universidad del País Vasco y a un grupo científico de Japón.

En sus archivos guarda más de medio millón de imágenes de alta resolución. De hecho, algunas de sus astrofotografías fueron bendecidas por la mismísima NASA y la National Gallery de Londres. Nos sentamos en una terraza de la Plaza de Colón. Paco Bellido pide una infusión y la grabadora comienza a almacenar datos verdaderamente sorprendentes. Atentos.

PREGUNTA. Todo empezó persiguiendo OVNIs en las chapas de Pepsi Cola.

RESPUESTA. Exactamente. Empezó así un poco por casualidad. Pepsi Cola sacó una promoción en las chapas. Venían extraterrestres de cada planeta y si conseguías llenar el álbum te regalaban un OVNI de juguete. Yo estaba pingando por conseguir uno. La promoción acabó y conseguí llenar el álbum a través de un amigo, pero el OVNI se había agotado. Entonces me mandaron un libro de astronomía, que me cambió la vida. Luego, en el instituto Inca Garcilaso, de Montilla, compraron un telescopio. Y, como vieron que tenía tanta afición, me lo dejaron y se pasó todo el verano en mi casa. Con ese telescopio empecé a hacer mis pinitos de observador y montamos una agrupación astronómica en Montilla. Eso fue a raíz de la fiebre del cometa Halley en el año 86.

La Tierra es un milagro absoluto

P. ¿Y qué descubrió en ese libro de astronomía?

R. Sobre todo, el orden del cosmos. Me fascinaba que los astrónomos fueran capaces de calcular con total certeza que dentro de 5.000 años en Córdoba iba a ver un eclipse de Sol. Eso me parecía alucinante.

P. El movimiento de los astros es predecible.

R. Totalmente predecible.

P. Y exacto.

R. Totalmente exacto. Aunque puede haber cambios por fenómenos que no tengamos en cuenta. Si ahora aparece un cometa que no estaba previsto y pasa muy cerca de la Tierra variará la órbita. Y todo lo que hayamos predicho habrá que cambiarlo. Sabemos con certeza que el 26 de enero de 2028 en la plaza de Jerónimo Páez va a ponerse la Luna delante del Sol centro contra centro. Y eso lo podemos saber ahora. Vienen tres años de eclipses en 2026, 2027 y 2028. Los dos primeros son eclipses totales que se verán desde España, aunque desde Córdoba van a ser parciales. Pero el eclipse de 2028 del 26 de enero va a ser anular.

P. ¿En España ha habido eclipses totales?

R. Sí.

P. Pero en Córdoba no se ha visto nunca.

R. Sí. Hace años. No sabría decirle cuando fue el último total que se vio en Córdoba.

P. O sea, que usted buscaba un OVNI y se encontró a la ciencia.

R. Me encontré a la ciencia, sí. Es normal que la mayoría de la gente en la época de la adolescencia crea en OVNIs y le encanten los fenómenos misteriosos y la parapsicología. Pero, conforme uno va creciendo, ya se vuelve más escéptico. La realidad es tozuda y lo que no se puede demostrar, pues no se puede demostrar.

Hace poco se pudieron ver dos auroras boreales desde Córdoba

P. ¿Y qué es más fascinante: la ufología o la ciencia?

R. Supongo que para el ufólogo es más fascinante la ufología, pero yo creo que la realidad es más fascinante que la imaginación. Y hasta ahora casi todos los fenómenos paranormales entran más dentro de la imaginación.

P. Ahora ya sabe que los OVNIs no existen.

R. Los OVNIs sí existen. Ojo. Lo que no tenemos es visita de extraterrestres. Pero yo estoy viendo OVNIs continuamente. ¿Por qué? Porque estoy mirando el cielo muchas horas y veo cosas que no sé lo que son. Y, mientras no sepa identificar lo que es, es un OVNI. He visto OVNIs de todo tipo. Uno de los últimos que vi me alucinó y me dio mucho miedo. Fue el verano pasado. Vi una luz que se movía de forma errática. Una luz muy brillante. Más brillante que Venus. Un avión no era porque los aviones siguen una trayectoria recta.

P. Lo veía a simple vista.

R. Primero, a simple vista, y luego me dio miedo cuando lo vi con el telescopio. Seguía una trayectoria errática. Saqué el telescopio, lo busqué y ya vi perfectamente lo que era: un farol de esos que lanzan en las bodas de papel con fuego. Imagínese en pleno mes de agosto que cae en el campo. La que puede liar. Por eso me dio miedo. Hay que ver la poca cabeza de alguna gente. Otra cosa que es muy llamativa son los globos de aluminio de la Feria que se les escapan a los niños.

P. Se quedó fascinado con la astronomía, pero no estudió astronomía.

R. No estudié astronomía porque sabía que la libertad que tiene un astrónomo aficionado no la tiene un astrónomo profesional. Yo puedo observar lo que quiera cuando quiera. El astrónomo profesional tiene que optar por un programa de observación y no se puede salir de ahí. Yo quería ser libre en lo que observaba y eso lo tuve claro en aquella época. Lo he hablado con astrónomos profesionales. Si un astrónomo profesional está en el observatorio y le apetece ver Marte no lo puede apuntar.

P. ¿Se siente astrónomo?

R. Ojo: yo soy astrónomo. Es una reivindicación que a mí me gustaría hacer. Hasta el siglo XIX no había astrónomos profesionales. Ahora sí. Yo reivindico que ellos se llamen astrónomos profesionales y el resto de gente que observamos y que contribuimos a programas científicos seamos astrónomos. Es verdad que hay que diferenciar entre unos y otros, pero ¿por qué tengo que llevar yo el epíteto de aficionado? Aficionado es una palabra que tiene una carga semántica negativa. Yo soy un astrónomo y los otros astrónomos son profesionales.

P. Usted pone astrófilo en tu cuenta de X.

R. Sí, porque astrófilo no tiene la carga negativa de astrónomo aficionado.

¿Qué hay más allá de las estrellas? Preguntas

P. ¿Cuál fue el primer descubrimiento que hizo con el telescopio?

R. Lo primero que me llamó mucho la atención fue los movimientos de las lunas de Júpiter. Esa fue la primera vez que las veía en el telescopio. Es alucinante. Y los anillos de Saturno. O las manchas solares. Ahora hay unos filtros con los que puedes mirar por el telescopio el Sol sin ningún problema. Pero en aquella época esos filtros no existían y lo que hacíamos era proyectar la imagen del Sol en la pared. El ojo no podías pegarlo porque se te quemaba enseguida. Durante muchos años seguí las manchas solares, que también son muy fascinantes. Como descubrimiento, participé hace unos años en un grupo de Estudios Geológicos Lunares. Estábamos haciendo un catálogo de domos lunares, que son unas colinas de pequeña altura que tienen origen volcánico. La gran inmensa mayoría de cráteres de la Luna son de impactos. Los volcánicos tienen un especial interés porque en esa zona hay unos minerales distintos que en un futuro no muy lejano, cuando nos quedemos sin recursos aquí, habrá que recurrir a ellos para la minería. Es cuestión de tiempo.

P. ¿Y se sabe qué minerales son?

R. Sí, claro. Hasta el siglo XIX la Luna se estudió en los observatorios astronómicos. Ya no. La Luna no se observa desde los observatorios profesionales.

P. ¿Se sabe todo de la Luna?

R. No se sabía todo. De hecho, no había un catálogo de domos lunares y yo estaba trabajando en ello. Le hablo del año 2004 y 2005. Yo estaba trabajando en ese catálogo con un grupo de todo el mundo [Geological Lunar Research]. Y hubo un hombre de Hong Kong que vivía en un rascacielos. Observaba la Luna cuando pasaba entre otros dos rascacielos que tenía delante. Y descubrió una grieta que no estaba cartografiada. Justo a la hora que él hizo su foto, yo hice otra foto. Y en mi foto también salía esa grieta. Yo no fui el descubridor, pero confirmé el descubrimiento de esa grieta que, de forma no oficial, se llama Rima Pau.

P. Le han puesto el nombre del señor.

R. El descubridor se llamaba K.C. Pau y en selenografía una grieta lunar recibe el nombre de Rima. Quien da los nombres oficialmente es la Unión Astronómica Internacional. Esta es una formación lunar tan pequeña que no tiene nombre. Ha habido un montón de nombres no oficiales de cráteres en la Luna y muchos de cordobeses.

P. Ibn Firnas, por ejemplo.

R. Sí. Y está también Averroes, Séneca o Alpetragio, que era de Pedroche. Antes de publicar el catálogo de domos lunares, a los japoneses se les ocurre lanzar una sonda a la Luna con una cámara de televisión de alta resolución. E hizo un mapeado de toda la Luna con una resolución acojonante. ¿Y nuestro trabajo? Perdió todo el sentido, porque ya con las imágenes de los japoneses se tenía esa información multiplicada por veinte. Ahí terminó la historia de mi observación lunar, a la que estuve muchos años dedicado.

P. ¿Cuántas horas de observación tiene en su biografía?

R. Muchas horas. Ha habido años de mucha actividad y otros de menos. Esta es una afición que se parece un poco a observar animales: tú tienes un fenómeno astronómico y no es seguro que lo vayas a ver porque depende del cielo. Si se nubla no lo ves.

Dios crea más problemas que respuestas

P. Córdoba tiene muchos días despejados al año.

R. Córdoba sí. Pero he ido a Noruega a ver auroras boreales y en cinco días solo he visto nubes. Algunos fenómenos no los puedes ver en Córdoba. Aunque hace poco hemos podido ver un par de veces auroras boreales desde Córdoba.

P. ¿Desde Córdoba?

R. Sí, sí. Las tengo fotografiadas. Ahora tenemos el máximo solar en 2025. Hubo una llamarada solar bestial y se vieron auroras boreales a latitudes muy bajas. Se registraron también desde Canarias. Es una cosa rarísima, pero no imposible. El primer registro que hay de una aurora boreal en España está en los Libros del Saber de Astronomía de Alfonso X el Sabio, que hace referencia a unas luces del norte. Pero la primera descripción detallada la escribe un médico en Montilla en el siglo XVII, que se vieron unas luces rojas. Las auroras boreales normalmente en latitudes altas se ven de color verde y más colores. Pero en nuestra latitud solo se ven de color rojo. Y ese hombre lo describe en un pliego de cordel de aquella época. Y es absolutamente fascinante la descripción que hace perfecta de cómo se ve la aurora, aunque él da una explicación astrológica de unos malos humores que vienen por una mala influencia de un planeta. Esa misma aurora se vio en Francia también y dan una descripción mucho más científica. Nosotros somos un país fundamentalmente beato y hemos estado un poco alejados de las explicaciones científicas.

P. Usted estudió filología.

R. Yo soy traductor técnico. Estudié ingeniería técnica. Mi primer trabajo fue como técnico de sonido en un estudio de grabación en Montilla. A mí siempre se me ha dado bien el inglés y había empezado a hacer traducciones por internet. Le hablo del año 1996. Y vi un anuncio donde buscaban traductores para Oracle. Eché el currículum, me hicieron una prueba y me dijeron: “Empiezas a trabajar el lunes que viene”. De eso hace ya 25 años. Me hice autónomo y desde entonces no me ha faltado el trabajo.

P. ¿Qué tipo de textos?

R. Manuales técnicos de mil cosas. Desde paneles solares, aerogeneradores de turbina eólica y muchísimos programas de uso habitual de Microsoft.

P. También traduce al checo.

R. Sí. Yo traduzco del inglés y del checo. Los traductores profesionales buenos traducen exclusivamente a su lengua materna. Del checo he traducido algún tiempo, pero dejé de hacerlo porque eran textos aburridísimos. Sobre todo declaraciones de IVA de la Hacienda checa. Eran un coñazo.

P. Y ahora os amenaza la inteligencia artificial.

R. Absolutamente. Desde hace algún tiempo lo que hacemos, sobre todo, es corregir las traducciones que hace la inteligencia artificial. Y claro: han bajado las tarifas. Aunque también la productividad aumenta. Si antes eras capaz de hacer 3.000 palabras al día, ahora puedes hacer 7.000.

Si la humanidad tuviera que cambiar de planeta, no podría ir a Marte

P. ¿Y la inteligencia artificial cómo va a cambiar la astronomía?

R. La inteligencia artificial ha entrado como elefante en cacharrería. Se está abusando de ella. Y mal. En la astrofotografía se están viendo imágenes absolutamente impresionantes, que no son reales porque están reinterpretadas por la inteligencia artificial. Y yo soy absolutamente contrario a eso. De hecho, una de mis páginas de cabecera era la imagen astronómica del día y desde hace años dejé de consultarla porque se ha convertido en una carrera por ver quién hace la foto más espectacular. Para mí, la astrofotografía es otra cosa. Es un medio para conocer el cielo y lo que nos rodea. No para hacer la foto más impresionante. Ahora hay muchísimos astrofotógrafos que no saben nada de astronomía y se pierden la parte más interesante de la cuestión.

P. En 2014 una fotografía suya fue seleccionada por la NASA.

R. Fue la imagen astronómica del día. Y luego la NASA la seleccionó para un calendario. Cogieron mi foto con la Luna y el Castillo de Almodóvar. No ha sido la única vez que una foto de castillos ha tenido cierta relevancia. Hubo otra del Castillo de Espejo con la Luna saliendo detrás. Esa la utilizó la National Gallery de Londres en su catálogo de obras de arte italiano porque hay un cuadro de un pintor de la época barroca italiana que tiene una escena con una imagen muy parecida. Cuando hice esa foto la publiqué en internet y en un foro chino discutían si era un montaje o real. La foto era absolutamente real. Lo que pasa es que está hecha con un telescopio y se ve la Luna muy grande. Yo estaba a 7 kilómetros del Castillo.

P. ¿Esas fotos cuestan mucho trabajo de hacer?

R. Esas fotos tienen una preparación porque tienes que calcularlas con papel y boli. Ahora hay aplicaciones que lo hacen. Pero antes tenías que calcular el azimut, que es el punto del horizonte por el que va a salir la Luna. Calculas el tiempo que va a tardar la Luna en subir y los grados que tiene de altura el Castillo.

P. O sea: tiene que resolver un problema matemático.

R. Un problema trigonométrico. Resuelves el problema, coges el coche, montas el telescopio y esperas a que salga la Luna porque va a pasar por donde tú has calculado.

P. ¿De qué astrofotografía se siente más orgulloso?

R. Me gusta mucho una foto que hice de la Estación Espacial Internacional pasando por delante de la Luna. Era una foto difícil porque la Estación Espacial tarda un segundo en cruzar la Luna. En ese segundo tengo que hacer la foto de la Estación. Esa fue una foto difícil y el resultado fue bastante vistoso.

P. Ha hecho astrofotografías en muchos países.

R. Sí. Pero, sobre todo, cuando he ido a otros países para visitar observatorios astronómicos, relojes de sol o lugares relacionados con la historia. Esa es mi verdadera afición: la historia de la astronomía. Por ejemplo, en el antiguo observatorio de Pekín, que es el primero de corte occidental que se crea en el siglo XVII en la capital de China. Es un sitio absolutamente alucinante con instrumentos que trajo un jesuita belga. Hay esferas armilares, globos celestes, relojes de Sol. Todo hecho en bronce. Es una absoluta maravilla. O luego observatorios como el de París, donde se ha descubierto casi todo lo imaginable en el mundo astronómico, desde la luz zodiacal a los satélites de Saturno. Hace poco estuve por segunda vez en el observatorio de Greenwich en Londres, que es otro de los sitios históricos.

La NASA seleccionó una foto mía con el Castillo de Almodóvar y la Luna

P. ¿En cuántos observatorios ha estado?

R. El otro día estuve haciendo la cuenta y andan por los 60 solo de Europa y Asia.

P. ¿Cuál es el país que lleva la delantera en los estudios astronómicos?

R. El estudio de la astronomía es un esfuerzo internacional al que contribuyen muchos países. No todos en la misma medida porque no todos dedican los mismos recursos a ciencia, pero hay que decir que España tiene una muy buena posición. En Córdoba hay bastantes astrónomos profesionales, que están trabajando por todo el mundo. En España tenemos dos centros punteros: el observatorio hispanoalemán de Calar Alto y el de Canarias.

P. En 2014 tenía 150.000 imágenes archivadas del universo. ¿Cuántas tiene hoy?

R. Seguramente superarán el medio millón.

P. Y las tiene todas guardadas.

R. Sí. Tengo varios discos duros de imágenes astronómicas.

P. Entonces tenía seis telescopios de alta precisión.

R. Sigo con los mismos. No he cambiado. De cámara sí he cambiado varias veces, pero telescopios sigo con los mismos. Seguramente podría tener un telescopio más grande y hacer más cosas, pero sé que los que tengo todavía los puedo exprimir más.

P. Ahora está estudiando a Júpiter.

R. Ahora me dedico fundamentalmente a Júpiter. Menos de lo que me gustaría por falta de tiempo y de condiciones atmosféricas. Llevamos un montón de días que no se puede observar porque tenemos nubes. Y para hacer imágenes de alta resolución de los planetas hace falta que no haya turbulencias. Las turbulencias se ven muy bien por la noche cuando miras a una estrella y parpadea mucho.

Hoy hago fotos desde mi azotea que eran imposibles de hacer antes desde el mejor observatorio

P. ¿A qué obedecen esas turbulencias?

R. Son corrientes de aire que hay en la atmósfera. Tenemos que esperar a que la corriente en chorro esté apaciguada. Ahora hay páginas en internet que te dan esta información y a unos días vistas sabes cómo va a estar el cielo. Días buenos de observación son muy pocos al año.

P. ¿Por qué Júpiter?

R. Se juntan dos factores. En primer lugar, tiene una atmósfera cambiante. Cambia mucho y muy rápidamente. Y unos vientos que soplan a velocidades hipersónicas. Luego tiene la ventaja de que está a una distancia que nos permite sacar la imagen del disco a tamaño suficiente para ver detalles. Marte está más cerca, pero solo tiene algunas tormentas y lo que ves son formaciones geológicas que son siempre las mismas. En el caso de Júpiter no. Yo soy como un hombre del tiempo pero de otro planeta. Me dedico a ver cómo cambia el tiempo en un mundo extraterrestre.

P. Y esa información la comparte con la Universidad del País Vasco y Japón.

R. En el caso de Japón, es un grupo que se llama Asociación de Observadores Lunares y Planetarios y yo trabajo específicamente en la sección de Júpiter. Es una sección en la que trabajamos astrónomos de todo el mundo, algunos con equipos fabulosos. Hay un observador italiano que tiene un telescopio enorme y observa desde Tailandia. Hace unas imágenes absolutamente impresionantes. Con el avance de los métodos de trabajo fotográfico y las cámaras de alta velocidad, ahora se pueden conseguir detalles que hace 20 años eran impensables desde un observatorio. Yo hago ahora fotos desde mi azotea que eran imposibles de hacer desde el mejor observatorio hace 20 años.

P. ¿Qué es lo que interesa de Júpiter a Japón y el País Vasco?

R. Sobre todo hacer modelos que expliquen la evolución de la atmósfera. En Júpiter hay una tormenta que lleva activa cinco siglos.

P. ¿Una misma tormenta?

R. Una misma tormenta. No hay observaciones seguidas de esa gran mancha roja desde hace 500 años, pero se piensa que la primera registrada y la que vemos ahora siguen siendo la misma. Hay un cuadro en la pinacoteca vaticana de una observación astronómica que hizo un pintor que se llama Donato Creti. En ese cuadro dedicado a Júpiter se ve gente mirando por un telescopio a Júpiter y ya aparece la gran mancha roja. El cuadro está pintado en el siglo XVIII. Llevo observando Júpiter 22 años y la mancha está cambiado de color también.

P. ¿Es una tormenta eléctrica? ¿De arena?

R. No. Es una tormenta de gases. Tienen un componente de amoniaco, que es lo que le da esos colores. Júpiter tiene varias franjas de distintos gases que se mueven a velocidad distinta según la latitud. Esas franjas, con el paso del tiempo, van cambiando. A veces tiene cinco franjas, otras tres. No sabemos cómo funciona un planeta gigante. Y estas observaciones nos ayudan a hacer modelos que expliquen cómo funciona. La hidrodinámica es uno de los campos de la física más complicado. La astronomía es una de las pocas ciencias donde los aficionados tienen un aporte fundamental.

Una llamarada solar grande puede provocar un desastre en la Tierra

P. Pero usted no es aficionado.

R. No. Es para que nos entendamos. Hay un montón de campos donde los profesionales no se dedican y son interesantes de seguir.

P. ¿Los observatorios os tienen en cuenta?

R. Sí, claro. Hay un tipo de colaboración que se llama PROAM [profesionales y amateurs].

P. ¿Y hay muchos astrónomos no profesionales?

R. Muchos. Yo distinguiría distintos niveles. Gente aficionada a la astronomía que tiene un telescopio y ocasionalmente mira. Astrónomos que tienen un telescopio y las observaciones que hacen contribuyen a algún programa científico. Y luego los astrónomos profesionales. Para mí, astrónomo es el que observa y su observación se utiliza en algún programa científico.

P. Ya no es usted cazador de lunas.

R. No. Sigo observando la Luna con frecuencia, pero por un placer puramente estético. De todos los objetos celestes es el que mejor podemos ver con el telescopio.

P. ¿Sabemos todo del Sol?

R. No. Sabemos mucho, pero no podemos predecir las llamaradas solares. Hace poco tuvimos el espectáculo de ver la aurora boreal desde Córdoba. Yo la estuve siguiendo. El Sol manda una serie de partículas. Esas partículas llegan a la Tierra, chocan con la magnetosfera y forman un óvalo que normalmente se sitúa por encima de Islandia. Pero si la actividad es muy fuerte, ese óvalo baja. Y me di cuenta de que ese día el óvalo había bajado hasta el Cantábrico.

P. Ese óvalo no se ve a simple vista.

R. No. Se sabe por los observatorios. Hay un observatorio de la ionosfera que mide la actividad. Vi que había bajado hasta el Cantábrico y pensé que había posibilidad de verlo desde Córdoba. Tiene una altura de 300 kilómetros y si está en Santander se puede ver. Me subo a la azotea y no veía nada. Y me subí al tejado. Me pongo a hacer fotos y veo un color rojizo. Llamé a mi mujer y le dije: “Mira, Lola”. Se veía claramente. Fue posible porque hubo una llamarada muy activa. Una llamarada un poco más grande puede provocar un desastre absoluto.

En Júpiter hay una tormenta activa desde hace cinco siglos

P. ¿Qué tipo de desastre?

R. Podría tirar los satélites. Ese viento solar hace como que empuja. Si empuja a los satélites, pasan a una órbita más baja. En esa órbita más baja, hay un poco más de aire, se van frenando y se pueden caer. En las redes eléctricas también podría provocarse una corriente inducida que daría al traste con los grandes transformadores. Y si se rompen estaríamos varios meses sin luz hasta que se repusieran.

P. ¿Eso es posible?

R. No solo es posible. Canadá ha publicado hace tres años un plan de defensa contra problemas derivados del Sol. Esto puede pasar en cualquier momento. De hecho, ya pasó. Hay un caso. Se vieron auroras hasta en Puerto Rico. Hablamos del efecto Carrington, que era un observador inglés. Un día estaba observando el sol y, de repente, vio que una de las manchas solares empezaba a brillar muchísimo. Al día siguiente, se produjeron incendios en un montón de estaciones de telégrafo.

P. ¿Cuántos satélites hay?

R. Cientos de miles. Ese es otro de los problemas que tenemos en la astrofotografía. Elon Musk ha lanzado sus satélites Starlink, que cuando los ves con los prismáticos son muy chulos. Su red tiene 18.000 satélites. A cualquier hora que quieras hacer una foto, hay un montón de satélites que se te cruzan. Esto es un problema en los observatorios profesionales porque es un montón de ruido que luego tienes que quitar de la foto y que te afecta para el trabajo científico que estés haciendo. Los chinos han lanzado otra red de satélites que tiene 12.000 y hay otra más que está en proyecto con otros 100.000. El cielo está absolutamente plagado de satélites. El síndrome de Kessler alerta que si un satélite cambia de órbita, puede darle un golpe a otro y provocar una reacción en cadena hasta caerse todos.

P. La circulación de satélites no está regulada.

R. No. Aquí cada uno va a lo suyo. No hay un organismo internacional que lo regule. Y a Starlink se le criticó que los satélites brillaban muchísimo y afectaban a las observaciones. Elon Musk los pintó de negro y ahora iluminan menos, pero siguen molestando.

P. O sea, Elon Musk no solo es un riesgo para la Tierra, sino también para el cielo.

R. Lamentablemente, sí. Los defensores de Elon Musk, que son muchos, dicen que permite darle internet a aldeas perdidas de África. Aunque, viendo los contenidos que circulan por internet, no sé hasta qué punto es buena idea que en una aldea perdida de África se puedan ver.

P. ¿A quién tenemos que tenerle más miedo: al enigma del cosmos o a Donald Trump?

R. Todo esto parecería de ciencia ficción hace unos años. Si hubiéramos pensado que Trump iba a salir como presidente, nos hubiéramos descojonado. Y fíjese. Mucha gente tiene cierto tecnooptimismo. La idea de que la ciencia resolverá el cambio climático y, si no, nos vamos a otro planeta. Las cosas no son tan fáciles. El cosmos es un entorno absolutamente hostil. En casi cualquier lugar del universo sobrevivirías décimas de segundo. Tenemos que cuidar este planeta.

He visitado más de 60 observatorios astronómicos de Europa y Asia

P. Pero no lo estamos cuidando.

R. No lo estamos cuidando en absoluto.

P. Hay una astronauta análoga cordobesa que asegura que ya se está trabajando en una base planetaria por si el nuestro se va al garete.

R. Lo primero sería tener una base en la Luna que nos sirviera de escala para ir a Marte. Esto se lleva diciendo desde hace muchos años. Y nunca llega. Tecnología para hacerlo ya hay, pero a Marte no se puede llevar toda la humanidad.

P. Irían los ricos.

R. Claro. Marte está ahí al lado. Si la humanidad tuviera que cambiar de sitio, tendríamos que irnos a otra estrella. Y eso es ciencia ficción. Hoy es impensable.

P. ¿Qué hay más allá de las estrellas?

R. Preguntas. ¿El universo es infinito? No lo sabemos. Te puedes imaginar el universo como una burbuja. Pero, ¿fuera de la burbuja qué hay? ¿Más espacio o más burbujas? Esa es la teoría del multiverso. Hay por ahí teorías bastante locas, pero que tienen ciencia detrás. Hay un aparato matemático que dice que son posibles, donde puede haber otro planeta con una pareja charlando en la que el periodista se llama Paco y el astrónomo se llama Aristóteles. Matemáticamente es posible. Todas las posibilidades se pueden dar.

P. ¿En el cielo solo hay materia oscura y planetas?

R. En el cielo hay materia oscura, energía oscura y materia bariónica. Hay avances continuamente que ponen en duda si las mediciones se han hecho bien. Probablemente, la materia oscura no sea tal como la hemos imaginado hasta ahora. Hay muchas cosas que están por responder todavía.

P. ¿La Tierra es un milagro?

R. La Tierra es un milagro absoluto. Pero ojo: un milagro de las leyes de la física. En el observatorio del Vaticano hay escrito un lema que dice: “Los cielos proclaman la gloria de Dios”. Para la gente que es creyente mirar el cielo los acerca a Dios, pero quienes tenemos un espíritu más científico no necesitamos de esa hipótesis. Se puede explicar sin necesidad de recurrir a Dios. Para mí, Dios crea más problemas que respuestas. Está la gran pregunta: ¿A Dios quién lo ha creado? Desde el punto de vista de la filosofía, es una pregunta sin respuesta. Y yo soy alérgico a las preguntas sin respuestas.

Hay bastantes astrónomos cordobeses trabajando en observatorios de todo el mundo

P. ¿Un científico creyente es un científico?

R. Sí. Hay gente capaz de desligar ambas cosas.

P. ¿Es desligable? La ciencia es un método de conocimiento. La creencia es una verdad revelada.

R. Sí. Pero hay gente que dice: “La ciencia llega hasta aquí. A partir de aquí no sabemos”.

P. Y se lo inventan.

R. Y dicen: “Ese hueco a mí me lo rellena Dios”. Es hacerte trampas al solitario.

P. Están renunciando a la ciencia.

R. Para ellos, la ciencia tiene su espacio. Lo que queda fuera lo rellena Dios.

P. La ciencia es un modo de conocimiento donde nadie inventa una respuesta si no la tiene.

R. Por ejemplo: la idea del Big Bang la dio un cura belga. El nombre lo puso un físico inglés, Fred Hoyle. Y lo puso de coña para hacer burla de las ideas del cura, que al final llevó razón. La historia para muchos creyentes es quién encendió la mecha de la explosión. La astronomía puede llegar casi hasta el momento cero de la explosión. Antes de ahí no puedes. Para empezar, no existe el tiempo. El tiempo se define a partir de ese momento. Es una pregunta que no se puede plantear porque no tiene sentido. Para los creyentes, Dios está detrás.

P. ¿No estamos solos?

R. A mí me gustaría pensar que no estamos solos, pero no lo sabemos. Y las dos posibilidades son terribles. Sería terrible que hubiera otra civilización y no pudiéramos contactar con ella. Y sería mucho más terrible quizás estar solos en el universo.

Hay ya cientos de miles de satélites en el cielo que son un problema para los astrónomos

P. Usted ha dicho: “El cielo es un patrimonio que nos estamos cargando”.

R. Por la contaminación lumínica. Hay iniciativas como, por ejemplo, en el Valle de los Pedroches de protección del cielo nocturno. También se está haciendo en la Campiña, aunque prácticamente ya está perdida porque la contaminación lumínica es muy grande. Con las constelaciones de satélites cada vez es más difícil poder hacer fotos del cielo. La UNESCO declaró el cielo como patrimonio universal que hay que proteger para las generaciones venideras, pero lo estamos haciendo regular.

P. ¿Cuanto más observa la humanidad más ama el firmamento?

R. Puede que los astrónomos tengamos cierta fama de misántropos. A mí me encanta la divulgación y eso es por amor a mis semejantes. La observación del cosmos da una serenidad que es más difícil de encontrar entre tus congéneres.

P. Ahora caza auroras boreales.

R. Ya me gustaría. He ido algunas veces a hacer viajes de auroras, pero menos de lo que me gustaría. La última que vi ha sido aquí en Córdoba y he tenido ocasión de verlas también en Islandia y en Noruega.

P. La astrofotografía no es una afición barata.

R. No es una afición barata, pero tampoco tiene por qué muy cara. Se puede hacer astrofotografía sencilla. Ahora en las ciudades estamos rodeados de edificios y hemos perdido la conexión con los ciclos naturales. Ya no nos damos cuenta de cómo se mueve el Sol a lo largo del año. Una cosa sencillísima que puede hacer cualquiera con su teléfono móvil es hacer una foto de la puesta de Sol el día del solsticio de invierno y el día del solsticio de verano. Eso ya es astrofotografía. Verás que desde Córdoba la diferencia es de 60 grados en azimut. Si haces una foto del Sol todos los días a la misma hora, verás que describe en el cielo una forma de ocho que se llama analema.

P. ¿Cuánto vale un telescopio de alta precisión?

R. A partir de 2.000 euros ya tienes un telescopio bueno.

P. También caza museos por media Europa.

R. Sí. Me interesa mucho el arte y procuro ir a exposiciones por Europa.

P. ¿Cuál es su próxima pieza?

R. Una de las próximas cosas que haga es buscar una meridiana que hay en una cartuja en Nápoles. La meridiana es un tipo de reloj de Sol específico que sirve para saber la época del año. Están en el suelo y, a través de un agujerito, entra un hilo de luz que te dice en qué mes estamos. Hay meridianas repartidas por por toda Europa. En España, hay muy pocas. Hay dos en el Escorial que hizo Felipe IV.

P. ¿Ante qué pintor se quita el sombrero?

R. La última gran exposición en la que he estado ha sido la de Rothko en París. Me ha encantado. Sobre todo, ver el trabajo que hay detrás. Rothko es conocido por sus campos de colores y esta exposición me permitió ver todo el trabajo que hay hasta que consiguió esa idea. Y me pareció absolutamente fantástico. Rothko tiene algo muy espiritual que tiene que ver también con la astronomía. Hay una conexión con lo que los franceses llaman el je ne sais quoi. Algo que no sabes qué es y que está más allá. Un poco el sentido cósmico de la existencia.

P. ¿Y Julio Romero le interesa?

R. Julio Romero me interesa mucho. En un principio me parecía un pintor muy localista, pero en cuanto lo estudias un poco más ves que fue un grande. Y me gusta mucho también su padre, Rafael Romero Barros.

P. ¿A qué ha venido la especie humana al universo?

R. Es otra de las grandes preguntas. A mí me gusta pensar siempre que somos materia que ha tomado conciencia de sí misma.

P. ¿La autoconciencia es una característica estrictamente humana?

R. Esa es otra pregunta muy interesante. Tengo un amigo que se dedica a la etología, el estudio del comportamiento de animales. Y una forma de estudiar el nivel de inteligencia es la prueba del espejo. Hay animales que le ponen un espejo delante y se reconocen; y otros que se creen que es un rival. Por ejemplo, un oso se enfada con el reflejo que ve y un perro se reconoce. Probablemente, muchos animales tienen conciencia de sí mismos.

P. ¿Dios creó el universo en siete días?

R. En siete días no le hubiera dado tiempo.

P. Si es Dios, sí.

R. Ni siendo Dios. Hay por ahí una teoría que explica lo que astronómicamente representa cada día de creación. Pero esa es ya otra historia.

Etiquetas
stats