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La Europa que queremos

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
31 de marzo de 2025 20:01 h

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La política dio un paso atrás, entre otras razones porque las fuerzas progresistas están divididas en torno al ReArm Europe, el plan de Ursula von der Leyen para reforzar la inversión en defensa. La Comisión Europea plantea que los hogares europeos deben estar preparados para subsistir 72 horas sin ayuda externa en caso de agresión, desastres naturales, pandemias o ciberataques. Contar con reservas de agua y comida, materiales para calentarse, medicamentos o baterías son las directrices básicas para afrontar este tipo de crisis, según las guías que los países nórdicos entregan de forma recurrente a su población sobre cómo prepararse para una hipotética emergencia o conflicto. El mensaje subyacente de la iniciativa es claro: la UE se enfrenta a un mundo cada vez más inestable, particularmente tras la invasión de Rusia a Ucrania y la creciente incertidumbre en torno al apoyo de Estados Unidos.

Nos tratan de convencer de que no hay alternativa. Nos presentan como absolutamente indefensos y a merced de Rusia, pasando de largo sobre el hecho de que si la UE actuara en este terreno bajo una autoridad única sería la segunda potencia militar del planeta tanto por efectivos, como por capacidades y por presupuesto. Están generando un miedo que justifique el rearme, que justifiquen las grandes inversiones en industrial militar.

¿Es la militarización una tendencia ya imparable en el seno de la Unión? ¿Es este el camino correcto para dar a luz la Europa de la Defensa y la autonomía estratégica? ¿Será posible lograrlo en tan solo cinco años como se sugiere? La UE puede gastarse miles de millones en armamento, pero la autonomía estratégica solo vendrá de una integración política que ni está ni se la espera, el rearme es imparable. De hecho, eso ya viene sucediendo desde hace unos años y ahora la propia Comisión ha anunciado que espera a finales de abril los planes que los Estados miembros deben presentar, concretando cómo piensan impulsar la intensificación de su gasto en defensa, aprovechando las puertas que Bruselas ofrece para recibir fondos comunitarios y para saltarse los niveles de deuda y de déficit que establece la disciplina comunitaria.

Aunque los Veintisiete se alineen en una misma dirección, la dependencia de Washington seguirá siendo una realidad incuestionable dentro de un lustro, dado que nuestras industrias de defensa no serán capaces de producir todo lo necesario para sustituir a EE UU.

La pregunta simple rearme si o no, esconde la pregunta central: ¿Que Europa queremos?

Para poder abordar los problemas que plantea el mundo actual (eliminar los paraísos fiscales, controlar el poder de las multinacionales y aumentar los impuestos sobre las mismas, luchar contra el cambio climático, etc.) necesitamos unidades políticas de un tamaño europeo

Existen muchas reflexiones ya sobre qué hacer. Ahora queda solamente que la UE elija cuál es la que refleja sus valores, discursos y políticas. La idea que las izquierdas han tenido de Europa en el pasado han sido muy diversas: desde unos que han defendido estar en Europa y en la OTAN a cualquier precio a otros que promulgaban la salida de Europa y de la OTAN porque entendían que Europa estaba diseñada para proteger los intereses de las multinacionales europeas. Pero el mundo ha cambiado muy rápidamente desde la caída del muro de Berlín. Ha aparecido China como la potencia emergente llamada a ocupar el primer lugar, delante de EEUU, a lo largo del siglo XXI. Europa está quedando en tercer lugar.

Europa está en construcción, se va cohesionando pero lentamente. Muy lentamente. El mercado eléctrico se regula con reglas europeas, aunque estas reglas no están pensadas para defender al consumidor, el BCE fija el tipo de interés y otras políticas económicas relevantes, ha habido una tímida respuesta conjunta a la invasión de Ucrania, etc. ¿Pero queremos más Europa o menos?

¿Y en esta situación que hacer? Desde mi punto de vista hay que apostar decididamente desde la mayoría social progresista por el afianzamiento del proyecto europeo. Para poder abordar los problemas que plantea el mundo actual (eliminar los paraísos fiscales, controlar el poder de las multinacionales y aumentar los impuestos sobre las mismas, luchar contra el cambio climático, etc.) necesitamos unidades políticas de un tamaño europeo. Pero, claramente, el proyecto europeo hay que reorientarlo, hay que hacerlo viable y orientarlo en beneficio de las mayorías. Eso implica democratizar las instituciones europeas, acabar con la política de austeridad, reorientar los objetivos del Banco Central Europeo para que se preocupe por el desempleo y no solo por la inflación, crear un seguro de depósitos europeo y los eurobonos, ampliar el presupuesto europeo, etc.

Siempre he creído que España debía estar en Europa y que debíamos esforzarnos para que las leyes y reglas europeas se hagan en beneficio de la mayoría de la población y no solamente para el beneficio de los bancos alemanes. España ha ganado mucho desde que está en la Unión Europea. Y ha ganado porque nuestro sector empresarial heredado de la época franquista era muy impresentable. Era un sector empresarial no competitivo mantenido en muchos casos con las subvenciones públicas. Todavía es así en muchos casos pero la entrada en la Unión Europea ha propiciado que los aires empresariales europeos lleguen a España.

Necesitamos democratizar las instituciones europeas y darle competencias para que Europa avance en el camino que queremos. Desde luego es un proyecto político muy ambicioso pero ilusionante. Si desde las llamadas nuevas izquierdas no se apuesta decididamente por este objetivo demostrarán ignorar la realidad que se nos viene encima

La situación actual muestra con claridad, según mi punto de vista, la necesidad de más Europa. De una Europa más autónoma energética, tecnológica y financieramente. Autónoma en la producción agrícola y en algunas industrias que se han desmantelado por completo. Autónoma para fijar la entrada y salida de capitales, productos y servicios. También autónoma militarmente frente a la OTAN y los intereses de EEUU lo que debería dar lugar a un ejército europeo que no tendría porqué estar dentro de la OTAN. Estas ideas chocan con la globalización convencional que se predica y que pretende disponer de libertad total para el movimiento de capitales.

Necesitamos una Europa autónoma tecnológicamente. Esto implica un nuevo proyecto universitario que produzca tecnología y no sólo ciencia. Esto implica el objetivo de querer competir en tecnología como un tercer bloque con China y EEUU. Esto implica la necesidad de crear empresas europeas que puedan plantarle cara a las chinas y americanas en los campos tecnológicamente punteros como el desarrollo de la Inteligencia Artificial.

Necesitamos una Europa autónoma políticamente que la configure como un tercer polo con capacidad para negociar con EEUU, pero también con China y Rusia. Con una política internacional independiente de la americana.

Necesitamos una Europa autónoma en lo social que desarrolle el Estado del Bienestar en favor de la mayoría.

Necesitamos unos impuestos europeos que permitan hacer tributar a las grandes fortunas.

Solamente rearmando Europa no conseguimos el objetivo buscado y además está generando un miedo innecesario en la población. Y los miedos producen fascismos según nos enseña la historia. Si queremos un ejército europeo hay que empezar por integrar los existentes.

Necesitamos democratizar las instituciones europeas y darle competencias para que Europa avance en el camino que queremos. Desde luego es un proyecto político muy ambicioso pero ilusionante. Si desde las llamadas nuevas izquierdas no se apuesta decididamente por este objetivo demostrarán ignorar la realidad que se nos viene encima.  

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