El Prismático es el blog de opinión de elDiario.es/aragon.
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La foto, esquina Pedro Cerbuna, zona de bares junto al Campus de Unizar, maravilla de la renovación ritual y celular de las vidas. A esa hora bailable las bibliotecas del otro lado de la calle también están llenas.
Hay vida analógica, hay grupos en veladores, terrazas, prejolgorio holgatorial, la universidad en marcha y de marcha. La vida a tope, gracias. Es una caña. O una jarra.
Espuma.
Esta ruta da mucha alegría y disipa los nubarrones trumperos y los más o menos naturales. La ciudad está vivísima a libros y los miles de millones, de momento virtuales, la riegan con espray y spleen de futuro, la laca prohibida de los sueños y el co2.
El cambio de hora se mantiene por inercia, porque dejar de hacerlo es un trabajo arduo… cuesta tanto cambiar las cosas… incluso para dejar de alterarlas.
El cambio de hora se mantiene porque da de vivir a la autoridad, a las innúmeras instancias del mando y ordeno, que se ejercitan dos veces al año en este despotismo horario inercial.
Y se mantiene o se acepta mansamente, como todo lo demás, porque entraña o implica una ensoñación de cambio de vida, como todo lo que juega a modificar el tiempo, aunque sea un rato.
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