Espacio de opinión de Canarias Ahora
Querido Perico

¡Yo soy la bofetada y la mejilla!
¡Yo soy los miembros y la rueda,
¡Y la víctima y el verdugo!
Yo soy de mí corazón el vampiro,
—Uno de esos grandes abandonados
A la risa eterna condenados,
¡Y que no pueden más sonreír!
(C. Baudelaire, Las Flores del Mal)
Pedro Perea habría ironizado seguro con algunas de las cosas que se han publicado después de su muerte. Por ese motivo voy a intentar no cometer el mismo error. Como si lo tuviera a mi espalda al escribir una crónica.
A Perico, como a miles de seres humanos, lo hirió de muerte la vida. Como un apneísta, decidió bajar a pulmón hacia un abismo insondable: el de la propia existencia. Un descenso por el alma humana en el que se utilizó como última una visión descarnada y doliente del mundo. Certera, también. A diferencia de los practicantes de apnea, se sumergió sin planificar la subida. Nunca pensé en la cuerda -¡qué cuerda!- para emprender el ascenso.
El buceo libre en superficie y a plena luz del día en una batalla desigual y perdida de antemano con las sombras que nos habitan. En esa inmersión tuvo tiempo para formar a generaciones de periodistas y vernos crecer. Exigente, honesto, exacto, exponente de ese periodismo de fuentes en peligro de extinción, se enorgulllecía de esa cantera a la que espoleaba sin contemplaciones ni descanso para convertirla en la mejor. Así nos hicieron periodistas. Y así nos ganamos dentro y fuera de la redacción.
Gracias por todo, querido.
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