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1 de abril de 2025 20:18 h

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Aprender de la mano de una leyenda casi siempre es garantía éxito. Para los amantes del BTT, ya no solo a nivel provincial, sino también en el terreno andaluz y nacional, el nombre de Víctor Fernández no necesita presentación. El cordobés de 33 años acumula una trayectoria de una década en la élite del mountain bike internacional. Entre sus triunfos destacan dos victorias en la MTB Guzmán El Bueno y un bronce en la Andalucía Bike Race. Además, en 2021 logró colarse entre los 20 mejores del mundo de la disciplina. Todo ese potencial ha ido calando en un palmarés de máximo nivel, curtido en mil batallas. Pero ahora tiene por delante un reto seguramente de mayor calado histórico.

El biker puso en marcha el pasado mes de enero la Escuela Víctor Fernández, iniciativa que surge de la inquietud del propio corredor de potenciar la práctica de dicho deporte en la ciudad. La ilusión se palpa en el rostro de Fernández con tan solo acercarse a un entrenamiento. El club ha dispuesto del Parque de El Patriarca como zona de acción y aprendizaje. Allí, el disfrute figura por cada camino que discurre el circuito preparado. Víctor es presidente, monitor, mecánico y, por momentos, incluso enfermero. En definitiva, un hombre para todo que no duda en ir de un lado a otro tratando de pulir el talento de los jóvenes que quieren aprender de uno de los mejores.

“Debido a la falta de una escuela de MTB en la ciudad, me planteé sacar este proyecto”, resalta el propio ciclista, quien admite que le “ilusiona mucho” y que le “encanta”. Y es que, en tan solo tres meses, son ya más de 30 los niños y niñas de entre 5 a 14 años los que disfrutan de la iniciativa. Dando aún sus primeras pedaladas, el potencial del proyecto es inmenso.

Una pasión y una ilusión sobre dos ruedas, que afronta un camino sinuoso, con subidas y bajadas, pero marcado siempre por la formación hacia el futuro. Y una deuda pendiente con él mismo, ya que reconoce que “por suerte yo desde chico siempre he tenido a alguien que me apoye para poder practicar mountain bike, porque no es fácil, y veía la necesidad de que Córdoba tuviera algo que sacara nuevos niños y niñas en el ciclismo de montaña”. Por ello, “después de mi trayectoria profesional, le debía algo a la cantera”, puntualiza.

Córdoba ha sido cuna durante décadas de grandes ciclistas, tanto de montaña como de carretera. Ejemplos hay de esas modalidades en numerosos pueblos. Desde Cabra a Castro del Río, pasando por Montemayor, Montilla o Aguilar de la Frontera. Sin embargo, la capital andaba huérfana, pese a que salían nombres puntuales que lograban abrirse camino en un sendero desconocido. Es el caso del propio Víctor Fernández, quien desconoce el motivo de que nunca antes hubiera habido una escuela en la ciudad, lo cual para él era “más que necesario”.

La satisfacción es total entre el monitor y los pequeños. Formación en valores, en competición y una enseñanza recíproca en el día a día. Unos se nutren de él, y este, a su vez, aprende de cada anécdota de sus pupilos. “Cuando llego a casa y veo las fotos y vídeos que saco, y que veo en sus caras que disfrutan, a mí eso me enorgullece muchísimo”, destaca.

Córdoba ya era una de las referencias de Andalucía en el MTB. Y ahora tiene un competidor más para sumar talento. Sin más pretensión que enseñar, Víctor Fernández ha alzado la voz para tratar de dar sentido y forma a un deporte huérfano en la ciudad con respecto a la base. El Patriarca sueña con ver brotar a los nuevos campeones del futuro. Una escuela que apunta muy alto. De momento, entre saltos, repechos y alguna que otra caída, el mountain bike brilla en La Arruzafa con más futuro que nunca.  

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